Se dice que en otro tiempo un hombre concertó un pacto de amistad con un sátiro. Llegó el invierno y con él el frío; el hombre arrimaba las manos a la boca y soplaba en ellas. El sátiro le preguntó por qué lo hacía. Repuso que se calentaba las manos a causa del frío.
Luego se sirvieron de comer y los alimentos estaban muy calientes. El hombre, cogiéndolos a trocitos, los acercaba a la boca y soplaba en ellos. Otra vez le preguntó el sátiro por qué lo hacía. Contestó que enfriaba la comida porque estaba muy caliente.
-¡Pues escucha -exclamó el sátiro- renuncio a tu amistad, porque lo mismo soplas con la boca lo que está frío que lo que está caliente!
No nos confundamos con aquellos que aparentan incertidumbre en sus actos.
Cuento de la colección Clásicos de Tierra Quemada. Texto de dominio público.
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Médico de urgencias con cuarenta años de experiencia clínica. Escribe sobre el cerebro, la muerte y el pensamiento crítico, y sobre lo que la ciencia puede y no puede afirmar.
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