Pasaba un lobo por un sembrado de cebada, pero como no era comida de su gusto la dejó y siguió su camino. Encontró al rato a un caballo y lo llevó al campo, comentándole la gran cantidad de cebada que había hallado, pero que en vez de comérsela él, mejor se la había dejado porque le agradaba más oír el ruido de sus dientes al masticarla. Pero el caballo le repuso:
-¡Amigo, si los lobos comieran cebada, no hubieras preferido complacer a tus oídos, sino a tu estómago!
Nunca creas a un malvado, aunque parezca actuar como bueno.
Cuento de la colección Clásicos de Tierra Quemada. Texto de dominio público.
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Médico de urgencias con cuarenta años de experiencia clínica. Escribe sobre el cerebro, la muerte y el pensamiento crítico, y sobre lo que la ciencia puede y no puede afirmar.
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