Penetró una zorra en un rebaño de corderos, y arrimando a su pecho a un pequeño corderillo, fingió acariciarlo.
Llegó un perro de los que cuidaban el rebaño y le preguntó:
-¿Qué haces?
-Lo acaricio y juego con él -contestó la zorra con cara de inocencia.
-¡Pues suéltalo enseguida si no quieres conocer mis mejores caricias!
Al impreparado lo delatan sus actos.
Cuento de la colección Clásicos de Tierra Quemada. Texto de dominio público.
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Médico de urgencias con cuarenta años de experiencia clínica. Escribe sobre el cerebro, la muerte y el pensamiento crítico, y sobre lo que la ciencia puede y no puede afirmar.
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