¡Ah, estos jazmines! ¡Estos blancos jazmines! Recuerdo aún el primer día en que cubrí mis brazos con estos jazmines, con estos blancos jazmines.
He amado la luz del sol, el cielo y la verde tierra.
He oído el cristalino murmullo del río en la oscuridad de medianoche.
En el recodo de un camino, el crepúsculo otoñal ha venido a mi encuentro, como una novia que aparta su velo para recibir a su amado.
Sin embargo, mi memoria está perfumada aún con aquellos primeros jazmines blancos que tuve en mis manos de niño.
La vida me ha ofrecido muchos días alegres y noches de fiesta; uní mis risas a las de los felices invitados.
En las mañanas grises y lluviosas, he tarareado lentas canciones.
He colgado de mi cuello la guirnalda vespertina de bakulas, tejida por las manos del amor.
Sin embargo, mi corazón está perfumado aún con el recuerdo de aquellos frescos jazmines, los primeros que llenaron mis manos de niño.
De la casa de los relatos y cuentos clásicos de Tierra Quemada. Texto de dominio público.
Invítame a un café · 1,70 €Se paga con PayPal o con tarjeta, sin cuenta. Puedes cambiar la cantidad.

Médico de urgencias con cuarenta años de experiencia clínica. Escribe sobre el cerebro, la muerte y el pensamiento crítico, y sobre lo que la ciencia puede y no puede afirmar.
Este sitio es un proyecto de RedBeta