Mamá, me gustaría muchísimo dejar mis lecciones. No me he separado de mi libro en toda la mañana.
Dices que sólo son las doce.
Bueno, aunque efectivamente no sea más tarde, ¿no podemos suponer que, aun siendo mediodía, ha empezado ya la tarde? A mí me es muy fácil imaginar que el sol ha llegado ya al otro extremo del arrozal, y que la vieja pescadora anda recogiendo hierbas para su cena junto a la laguna.
Cierro los ojos y me parece estar viendo las sombras, cada vez más oscuras, bajo el madar, y el agua del estanque reluce con toda su negrura.
Si también en plena noche son las doce, ¿por qué ahora que suenan las doce no puede ser de noche?
De la casa de los relatos y cuentos clásicos de Tierra Quemada. Texto de dominio público.
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Médico de urgencias con cuarenta años de experiencia clínica. Escribe sobre el cerebro, la muerte y el pensamiento crítico, y sobre lo que la ciencia puede y no puede afirmar.
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