Un misionero que viajaba por la India encontró a un faquir cargado de cadenas, desnudo como un mono, acostado boca abajo y haciéndose azotar por los pecados de sus compatriotas, que le daban algunas monedas.
-¡Qué renuncia de sí mismo! -decía uno de los espectadores.
-¿Renuncia de mí mismo? -replicó el faquir-. Hago que me azoten en este mundo para devolvértelo en el otro, cuando seas caballo y yo jinete.
Cuento de la colección Clásicos de Tierra Quemada. Texto de dominio público.
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Médico de urgencias con cuarenta años de experiencia clínica. Escribe sobre el cerebro, la muerte y el pensamiento crítico, y sobre lo que la ciencia puede y no puede afirmar.
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