Acababa yo de construir un pabellón en el extremo de mi jardín, y oí a un topo que razonaba con un abejón:
-Vaya una obra hermosa -dijo el topo-, tiene que ser un topo muy poderoso el que la haya construido.
-Te burlas -dijo el abejón-, ha sido un abejón genial el arquitecto de esta obra.
Desde ese día he resuelto no discutir nunca.
Cuento de la colección Clásicos de Tierra Quemada. Texto de dominio público.
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Médico de urgencias con cuarenta años de experiencia clínica. Escribe sobre el cerebro, la muerte y el pensamiento crítico, y sobre lo que la ciencia puede y no puede afirmar.
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