Los sirios imaginaron que al ser creados el hombre y la mujer en el cuarto cielo, se atrevieron a comer una torta, en lugar de la ambrosía, que era su comida natural. La ambrosía se exhalaba por los poros; pero después de haber comido la torta, era preciso ir al excusado. El hombre y la mujer rogaron a un ángel que les enseñase dónde estaba el retrete. “Ved —les dijo el ángel— aquel pequeño planeta, apenas visible, que está a unos sesenta millones de leguas de aquí; allí está el excusado del universo; id lo más rápido posible”. Y fueron allí y se quedaron; y desde ese momento nuestro mundo fue lo que es.
Cuento de la colección Clásicos de Tierra Quemada. Texto de dominio público.
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Médico de urgencias con cuarenta años de experiencia clínica. Escribe sobre el cerebro, la muerte y el pensamiento crítico, y sobre lo que la ciencia puede y no puede afirmar.
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