Se metió un cerdo dentro de un rebaño de carneros, y pacía con ellos. Pero un día lo capturó el pastor y el cerdo se puso a gruñir y a forcejear.
Los carneros lo regañaban por gritón, diciéndole:
-A nosotros también nos echa mano constantemente y nunca nos quejamos.
-Ah sí -replicó el cerdo-, pero no es con el mismo fin. A ustedes les echan mano por la lana, pero a mí es por mi carne.
No preocupa perder lo reemplazable, pero sí lo irremplazable.
Cuento de la colección Clásicos de Tierra Quemada. Texto de dominio público.
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Médico de urgencias con cuarenta años de experiencia clínica. Escribe sobre el cerebro, la muerte y el pensamiento crítico, y sobre lo que la ciencia puede y no puede afirmar.
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