La noche era oscura y todos dormían, cuando ella se fue.
También ahora la noche es oscura, y la llamo: ‘Vuelve, tesoro mío, el mundo está dormido; si vienes un momento, mientras las estrellas se miran largamente, nadie se dará cuenta’.
Los árboles reverdecían y la primavera era joven, cuando ella se fue.
Ahora todo ha florecido abundantemente, y la llamo: ‘Vuelve, tesoro mío. Los niños cogen y esparcen flores a manos llenas en la locura de sus juegos interminables. Si vienes a coger una sola florecilla, ¿quién protestará?’
Los que entonces jugaban, siguen jugando todavía. ¡Qué generosa es la vida! Yo escucho su bullicio y te llamo: ‘Vuelve, tesoro mío, el corazón de tu madre rebosa amor, y si vienes a robarle un solo besito, nadie más se lo reclamará’.
De la casa de los relatos y cuentos clásicos de Tierra Quemada. Texto de dominio público.
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Médico de urgencias con cuarenta años de experiencia clínica. Escribe sobre el cerebro, la muerte y el pensamiento crítico, y sobre lo que la ciencia puede y no puede afirmar.
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