Un pequeño monje estaba tan acostumbrado a hacer milagros que el prior le prohibió ejercer su talento. El pequeño monje obedeció; pero al ver que un pobre albañil se caía de lo alto de un tejado, dudó entre el deseo de salvarle la vida y la santa obediencia. Mandó al albañil que se quedara en el aire hasta nueva orden, y corrió velozmente a contar a su prior el estado de la situación. El prior le perdonó el pecado que había cometido al comenzar un milagro sin su permiso, pero le permitió acabarlo con tal de que aquello no continuara y no volviera a repetirse.
Cuento de la colección Clásicos de Tierra Quemada. Texto de dominio público.
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Médico de urgencias con cuarenta años de experiencia clínica. Escribe sobre el cerebro, la muerte y el pensamiento crítico, y sobre lo que la ciencia puede y no puede afirmar.
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