Se detuvo en la puerta corredera y miró desde arriba cómo la comadrona, que todavía llevaba la bata blanca de operaciones, limpiaba al recién nacido. El bebé, cada vez que le entraba jabón en los ojos, arrugaba la cara tiernamente. Además, lloraba con una voz muy aguda. Mientras notaba un olor que le recordaba al de una cría de ratón, no pudo evitar que royeran su mente ciertas ideas filosas y profundas… ¿Para qué habrá venido este crío al mundo? ¿A este mundo lleno de dolor?… ¿Por qué le habrá tocado la carga de tener a un padre como yo?
Se trataba del primer niño al que daba a luz su esposa.
Cuento de la colección Clásicos de Tierra Quemada. Texto de dominio público.
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Médico de urgencias con cuarenta años de experiencia clínica. Escribe sobre el cerebro, la muerte y el pensamiento crítico, y sobre lo que la ciencia puede y no puede afirmar.
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