Cierta tarde un poeta conoció a un campesino. El poeta era esquivo y el campesino tímido, pero conversaron.
-Déjame contarte una pequeña historia que escuché últimamente -dijo el campesino-. Un ratón fue apresado en una trampa. Y mientras comía feliz el queso que allí había, un gato se detuvo al lado de él. El ratón tembló un instante, pero sabía que en la trampa se hallaba seguro.
-¿Estás comiendo tu último alimento, amigo? -dijo el gato.
-Sí -contestó el ratón- una vida tengo, por lo tanto una muerte. Mas, ¿qué hay de ti? Me dicen que posees nueve vidas. ¿No significa eso que posees nueve veces?
Entonces el campesino miró al poeta y dijo:
-¿No es una historia extraña?
El poeta no contestó, pero se fue diciendo dentro de sí:
-En verdad tenemos nueve vidas, nueve vidas para estar seguros. Y moriremos nueve veces, y nueve veces moriremos. Quizá fuera mejor poseer sólo una vida, apresada en una trampa; la vida de un campesino con un trozo de queso como última comida Pues acaso, ¿no pertenecemos a la extirpe de los leones del desierto y de la jungla?
Cuento de la colección Clásicos de Tierra Quemada. Texto de dominio público.
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Médico de urgencias con cuarenta años de experiencia clínica. Escribe sobre el cerebro, la muerte y el pensamiento crítico, y sobre lo que la ciencia puede y no puede afirmar.
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