Una vez me dijo un viejo hombre de mar:
-Treinta años ha, un marinero escapó con mi hija. Y maldije en mi corazón a ambos, pues amaba a mi hija más que a nada en el mundo.
“No mucho después el joven marino se hundió con su barco hasta el fondo del mar y con él mi hija amada, perdiéndose de mí.
“Y ahora mírame como el asesino de un joven y una esposa. Fue mi maldición la que los destruyó. Y ahora, en camino hacia mi tumba, busco el perdón de Dios.”
Esto dijo el anciano. Mas, sus palabras sonaban petulantes, y parece que aún se enorgullecía del poder de su maldición.
Cuento de la colección Clásicos de Tierra Quemada. Texto de dominio público.
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Médico de urgencias con cuarenta años de experiencia clínica. Escribe sobre el cerebro, la muerte y el pensamiento crítico, y sobre lo que la ciencia puede y no puede afirmar.
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