La cigarra y la hormiga — La cigarra y la hormiga, ilustración de la colección Clásicos
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Cantó la cigarra durante todo el verano, retozó y descansó, y se ufanó de su arte, y al llegar el invierno se encontró sin nada: ni una mosca, ni un gusano.

Fue entonces a llorar su hambre a la hormiga vecina, pidiéndole que le prestara de su grano hasta la llegada de la próxima estación.

-Te pagaré la deuda con sus intereses -le dijo- antes de la cosecha, te doy mi palabra.

Mas la hormiga no es nada generosa, y este es su menor defecto. Y le preguntó a la cigarra:

-¿Qué hacías tú cuando el tiempo era cálido y bello?

-Cantaba noche y día libremente -respondió la despreocupada cigarra.

-¿Conque cantabas? ¡Me gusta tu frescura! Pues entonces ponte ahora a bailar, amiga mía.

No pases tu tiempo dedicado solo al placer. Trabaja, y guarda de tu cosecha para los momentos de escasez.

Cuento de la colección Clásicos de Tierra Quemada. Texto de dominio público.

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