La avaricia rompe el saco. Para probarlo me basta el ejemplo de la Gallina que, según cuenta el Apólogo, ponía huevos de oro. Su dueño creyó que tenía un tesoro dentro del cuerpo; la mató, la descuartizó, y la encontró enteramente igual a las demás Gallinas. Así perdió su fortuna.
¡Buena lección para los codiciosos! En estos tiempos, ¡a cuántos hemos visto que por querer hacerse ricos, de la noche a la mañana, han quedado sin una moneda!
Cuento de la colección Clásicos de Tierra Quemada. Texto de dominio público.
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Médico de urgencias con cuarenta años de experiencia clínica. Escribe sobre el cerebro, la muerte y el pensamiento crítico, y sobre lo que la ciencia puede y no puede afirmar.
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