Por un borrico robado dos ladrones se batían; uno deseaba guardarle, otro venderle quería. Mientras sendos puñetazos se cruzan y multiplican, y que los dos combatientes solo de vencer se cuidan, un tercer ladrón se acerca, toma el jumento, y desfila. En ocasiones el asno es una pobre provincia; son príncipes, los ladrones, de Transilvania o Turquía, tal vez húngaros (se ofrecen tres y no dos a mi vista, porque siempre fue abundante esta mala mercancía), las más veces de ninguno es la robada provincia; llega otro ladrón, y entre ellos restablece la armonía, para sí guardando el burro por derecho de conquista.
Cuento de la colección Clásicos de Tierra Quemada. Texto de dominio público.
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Médico de urgencias con cuarenta años de experiencia clínica. Escribe sobre el cerebro, la muerte y el pensamiento crítico, y sobre lo que la ciencia puede y no puede afirmar.
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