Fábula inmoral — La ciudad grande, ilustración de la colección Clásicos
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—Sí —dijo el rubio—, fue la mejor mujer que conocí.

Me callé, que era lo que convenía. Hay opiniones que son como los regalos que no damos: no pueden darse (como las mujeres guapas).

—¿Era morena? —pregunté al fin, agotados los efectos del silencio, y porque soy sicólogo.

—No, era mi mujer —respondió el hombre tan rubio.

—Gracias —dije yo.

Y continuamos parapetados en el silencio, satisfechos ambos con la vida.

Cuento de la colección Clásicos de Tierra Quemada. Texto de dominio público.

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