Para su cena, un glotón, ordena que con presteza le sirvan un esturión. Exceptuando la cabeza le come, enferma, le dan cien lavativas copiosas, y le dicen, con afán que ponga en orden sus cosas.
-Amigos -dijo el glotón-, tenéis sobrada razón, y puesto que he de morir, haced que sin dilación me puedan aquí servir el resto de mi esturión.
Cuento de la colección Clásicos de Tierra Quemada. Texto de dominio público.
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Médico de urgencias con cuarenta años de experiencia clínica. Escribe sobre el cerebro, la muerte y el pensamiento crítico, y sobre lo que la ciencia puede y no puede afirmar.
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