Perdió un hombre del campo una ternera, y fue a buscarla al bosque más cercano, do subió a la copa de una higuera para ver a lo lejos, en el llano. Llegó en esto una dama y un mancebo que amantes navegaban en conserva, y de la higuera al pie -decirlo debo- se tendieron los dos sobre la yerba. Solo hablaban las manos y los ojos, cuando el doncel, parando la recreo, exclamó en el ardor de sus antojos:
-¡Qué veo, Señor mi Dios, y qué no veo!
Y al oír esto, gritole el aldeano que observaba en la copa de la higuera:
-El que ve tantas cosas, mi hermano, ¿no ve por esa selva una ternera?
Cuento de la colección Clásicos de Tierra Quemada. Texto de dominio público.
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Médico de urgencias con cuarenta años de experiencia clínica. Escribe sobre el cerebro, la muerte y el pensamiento crítico, y sobre lo que la ciencia puede y no puede afirmar.
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