Cuarenta años de turnos y guardias dejan marca. La mitad de mi vida adulta la he pasado como adjunto en servicios de urgencias hospitalarias, navegando entre el área médica y la quirúrgica, en ese territorio donde las decisiones se toman con la información que hay —nunca suficiente— y donde el tiempo corre siempre en contra.
No voy a venderte una trayectoria heroica. La medicina de urgencias es trabajo duro, repetitivo muchas veces, frustrante con frecuencia. También es el lugar donde aprendes que la dignidad humana no es un concepto filosófico, sino algo que puedes ver sostenerse o desmoronarse en una camilla, a las cuatro de la madrugada.
Esa perspectiva me llevó, en su momento, a la presidencia de la Asociación Internacional de Médicos Progresistas (AIMP). No por vocación de cargo, sino porque algunas cosas hay que decirlas colectivamente: la sanidad pública es un derecho, no una mercancía; la precariedad de los sanitarios acaba siendo precariedad de los pacientes; las pseudociencias matan, aunque vengan envueltas en lenguaje de bienestar.
En 2025 terminé mi etapa en los hospitales: cuarenta años trabajados, el cuerpo que ya no aguanta noches en pie y la cabeza que sigue queriendo entender.
Ahora vivo frente al Mediterráneo, en la costa valenciana, y veo amanecer todos los días del año. Paseo por la playa con mi perro, salgo en moto, leo filosofía con la misma voracidad con que antes leía electrocardiogramas. La fotografía me da un modo de mirar sin palabras —blanco y negro, estilo fotoperiodístico—, buscando en lo cotidiano lo que merece detenerse. Y escribir: de todas las cosas que hago, escribir es la que más felicidad me da.
Soy médico: creo en la evidencia como método, no como religión. Soy humanista y laico: creo en la dignidad humana sin dioses que la garanticen. Soy progresista: no porque todo progreso sea bueno, sino porque la nostalgia del pasado suele ocultar la nostalgia de privilegios que unos tenían a costa de otros. Soy europeo convencido, feminista, defensor de los derechos humanos y LGTBI+. Vengo de un país de emigrantes y me enferma el discurso antiinmigración.
Mis ventanas al mismo paisaje: RedBeta.org — neurociencia, filosofía y política sin dogmas. Vida Sana y Ciencia — medicina, filosofía y psicología desde la evidencia. Tierra Quemada — el taller literario: relatos, ensayo y oficio de escribir. Entender cómo funcionamos, cómo nos cuidamos, cómo convivimos… y cómo lo contamos.
Después de cuarenta años, no tengo todas las respuestas. Lo que tengo son mejores preguntas.
Y tiempo, por fin, para hacerlas.
Ricardo — Costa valenciana