Estaba un señor Cuervo posado en un árbol, y tenía en el pico un queso. Atraído por el tufillo, el señor Zorro le habló en estos o parecidos términos:
-¡Buenos días, caballero Cuervo! ¡Gallardo y hermoso eres en verdad! Si el canto corresponde a la pluma, te digo que entre los huéspedes de este bosque tú eres el Ave Fénix.
El Cuervo, al oír esto, no cabía en la piel de gozo, y para hacer alarde de su magnífica voz, abrió el pico, dejando caer la presa.
La tomó el Zorro y le dijo:
-Aprende, señor mío, que el adulador vive siempre a costas del que le atiende; la lección es provechosa; bien vale un queso.
El Cuervo, enfadado, juró, aunque algo tarde, que no caería más en la trama.
Cuento de la colección Clásicos de Tierra Quemada. Texto de dominio público.
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Médico de urgencias con cuarenta años de experiencia clínica. Escribe sobre el cerebro, la muerte y el pensamiento crítico, y sobre lo que la ciencia puede y no puede afirmar.
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