El hombre maduro y sus dos novias — La cigarra y la hormiga, ilustración de la colección Clásicos
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Un hombre de edad madura que empezaba a encanecer, juzgó que llegado había del matrimonio la vez. Como era en extremo rico, tenía dónde escoger; las mujeres se esforzaban porque las hallase bien; él no se daba gran prisa, aunque las dejaba hacer, que decidir es difícil cosa de tanto interés. Mas su corazón dos viudas lograron enternecer; una, joven todavía; la otra ya en la madurez, que reparaba con arte del tiempo el estrago cruel. Estas dos viudas, jugando y riendo a más no poder, arreglaban a su gusto la cabeza del doncel. La vieja a cada momento arrancaba sin merced un poco del pelo negro que allí se dejaba ver, porque su amante estuviese más a su gusto; a su vez la joven los pelos blancos le quitaba con placer, y tanto las dos hicieron que nuestro pobre doncel al cabo se quedó calvo y advirtió la mala fe.

-Gracias -dijo- mis hermosas, que así pelado me habéis; gano más de lo que pierdo porque no me casaré. La que tomara querría arreglarme sin merced al gusto suyo, y no hay calva que resista a una mujer.

Cuento de la colección Clásicos de Tierra Quemada. Texto de dominio público.

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