El hombre y su imagen — La cigarra y la hormiga, ilustración de la colección Clásicos
Tiempo de lectura: < 1 minuto

Un Hombre enamorado de sí mismo, y sin rival en estos amores, se tenía por el más gallardo y hermoso del mundo. Acusaba de falsedad a todos los espejos, y vivía contentísimo con su falaz ilusión. La Suerte, para desengañarle, presentaba a sus ojos en todas partes esos mudos consejeros de que se valen las damas: espejos en las habitaciones, espejos en las tiendas, espejos en las bolsas y hasta en el cinturón de las señoras. ¿Qué hace nuestro Narciso? Se esconde en los lugares más ocultos, no atreviéndose a sufrir la prueba de ver su imagen en el cristal. Pero un canalizo que llena el agua de una fuente, corre a sus pies en aquel retirado paraje: se ve en él, se exalta y cree divisar una quimérica imagen. Hace cuanto puede para evitar su vista; pero era tan bello aquel arroyo, que le daba pena dejarlo.

Comprenderán a dónde voy a parar: a todos me dirijo: esa ilusión de que hablo es un error que alimentamos complacidos. Nuestra alma es el enamorado de sí mismo: los espejos, que en todas partes encuentra, son las ajenas necedades que retratan las propias; y en cuanto al canal, cualquiera lo adivinará: es el Libro de las máximas¹.

Cuento de la colección Clásicos de Tierra Quemada. Texto de dominio público.

Si lo que has leído te ha servido, puedes invitarme a un café. Aquí en Puerto Sagunto cuesta 1,70 €.

Invítame a un café · 1,70 €Se paga con PayPal o con tarjeta, sin cuenta. Puedes cambiar la cantidad.

Este sitio es un proyecto de RedBeta

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

El hombre maduro y sus dos novias — La cigarra y la hormiga, ilustración de la colección Clásicos Entrada anterior El hombre maduro y sus dos novias
El león — La cigarra y la hormiga, ilustración de la colección Clásicos Entrada siguiente El león

Este sitio es un proyecto de RedBeta