Un león, que era dueño de muchos prados, muchos bosques y un gran rebaño de ovejas, reinaba feliz en su territorio. Un día nació un leoncito en un lugar vecino, pero este quedó huérfano. Entonces el rey león llamó a su visir, un zorro astuto e inteligente, y le dijo:
-¿Qué te parece si traemos al huerfanito y lo criamos?
-El zorro pensó y respondió:
-Mi señor, yo nunca me compadezco de huérfanos como estos. O hay que ser amigos o destruirlos antes de que se hagan fuertes.
Pero el rey león no escuchó estos consejos e hizo traer al leoncito a su territorio. Mientras el tiempo transcurría, el rey envejecía y el leoncito se iba tornando más fuerte y asolaba a toda la región, haciendo grandes matanzas.
Llegaron los reclamos de todos lados por los daños que causaba el joven león; le daban alimentos para calmar su apetito feroz, pero era incontrolable.
Tarde se dio cuenta el rey león que tenía que haber escuchado los consejos del zorro y de esta manera evitar grandes problemas.
Imprudencia que causa resultado fatal es dejar que prospere la semilla del mal.
Cuento de la colección Clásicos de Tierra Quemada. Texto de dominio público.
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Médico de urgencias con cuarenta años de experiencia clínica. Escribe sobre el cerebro, la muerte y el pensamiento crítico, y sobre lo que la ciencia puede y no puede afirmar.
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