Vio cierta Rana a un Buey, y le pareció bien su corpulencia. La pobre no era mayor que un huevo de gallina, y quiso, envidiosa, hincharse hasta igualar en tamaño al fornido animal.
-Miren, hermanas -decía a sus compañeras- ¿es bastante? ¿No soy aún tan grande como él?
-No.
-¿Y ahora?
-Tampoco.
-¡Ya lo logré!
-¡Aún estás muy lejos!
Y el infeliz animal se hinchó tanto, que reventó.
Lleno está el mundo de gentes que no son más avisadas. Cualquier ciudadano de la medianía se da ínfulas de gran señor. No hay principillo que no tenga embajadores. Ni encontrarás marqués alguno que no lleve en pos tropa de pajes.
Cuento de la colección Clásicos de Tierra Quemada. Texto de dominio público.
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Médico de urgencias con cuarenta años de experiencia clínica. Escribe sobre el cerebro, la muerte y el pensamiento crítico, y sobre lo que la ciencia puede y no puede afirmar.
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