La ostra y los litigantes — La cigarra y la hormiga, ilustración de la colección Clásicos
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Un día dos peregrinos en la arena de la playa encontraron una ostra que acababan de traer las olas; devorábanla con los ojos, señaláronla con el dedo; pero al tratar con los dientes, tuvieron que disputársela. Bajábase ya el uno para cogerla, cuando el otro le dio un empujón diciendo:

-Vamos a ver a quién le corresponde. El primero que la haya visto, ese la engullirá; el otro, lo mirará.

-Si eso vale -contestó el camarada-, yo tengo muy buena vista, gracias a Dios.

-No es mala tampoco la mía -replicó el primero-, y te digo que he divisado la ostra antes que tú.

-Pues bien: si la viste, yo la olí.

Estaban es estos dimes y diretes cuando llego don Picapleitos y lo tomaron por juez. Don picapleitos abrió gravemente la ostra y se la tragó frente a los litigantes. Y después de haberla saboreado, dijo en tono de presidente de sala:

-Tomen: el tribunal les adjudica a cada uno de ustedes una de las conchas; marchen en paz.

Consideren lo que cuestan hoy los litigios; calculen lo que les queda en limpio a las partes; verán cómo don Picapleitos se queda con todo el grano y no deja a los litigantes más que la paja.

Cuento de la colección Clásicos de Tierra Quemada. Texto de dominio público.

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