Cierto día pasó un perro sabio cerca de un grupo de gatos.
Al acercarse y ver que estaban muy entretenidos y despreocupados de su presencia, se detuvo.
Al instante, se levantó en medio del grupo un gato grande y grave, el cual miró a todos y dijo:
-Hermanos, orad; y cuando hayáis rezado una y otra vez, sin dudar de nada, en verdad lloverán ratas.
Y el perro, al oír esto, riose en su corazón y se alejó, diciendo:
-¡Ah! Ciegos y locos gatos, ¿acaso no fue escrito y no he sabido yo y mis antepasados antes de mí, que lo que llueve merced a las oraciones, a la fe y a las súplicas, no son ratas, sino huesos?
Cuento de la colección Clásicos de Tierra Quemada. Texto de dominio público.
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Médico de urgencias con cuarenta años de experiencia clínica. Escribe sobre el cerebro, la muerte y el pensamiento crítico, y sobre lo que la ciencia puede y no puede afirmar.
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