Retrato de Premchand, en blanco y negro
Tiempo de lectura: 6 minutos

(1880 – 1936) — India británica · urdu e hindi

Obra de referencia: Godaan (1936; sin traducción española)

Una vaca comprada a crédito y una aldea donde la honra se paga con intereses.

Un invierno, seis meses después de publicar su primer libro de relatos, Dhanpat Rai, inspector de escuelas en el distrito de Hamirpur, recibió de noche en su tienda una orden del recaudador: presentarse de inmediato.

El recaudador estaba de gira. Dhanpat Rai hizo enganchar una carreta de bueyes, recorrió de noche treinta o cuarenta millas y al día siguiente estaba delante de él. Lo contó en 1932, en un texto autobiográfico titulado «Jivan-sar», y es el único testigo de la escena. Sobre la mesa había un ejemplar de Soz-e-Watan, cinco relatos patrióticos en urdu firmados por Nawab Rai. El recaudador le preguntó si lo había escrito, le pidió la intención de cada relato y acabó enfadándose: aquello estaba lleno de sedición, y debía dar gracias por vivir bajo los ingleses, porque con los mogoles le habrían cortado las dos manos. Se decidió que entregaría todos los ejemplares y no escribiría nada sin permiso. De mil impresos se habían vendido apenas trescientos. Mandó traer los setecientos restantes de la oficina de la revista Zamana y los entregó. Su comentario: «Pensé: bueno, salgo barato».

Las biografías posteriores añaden una hoguera, con registro en su casa y quinientos ejemplares ardiendo. Su relato no la menciona. Sí cuenta que el recaudador rechazó que lo espiaran fingiéndose amigos suyos, porque eso era delación, y ordenó soltarlo con una advertencia. Poco después dejó de firmar Nawab Rai. Desde entonces fue Premchand.

La frase pesa en boca de un hombre que pasaría los veintisiete años siguientes escribiendo, entre otras cosas, sobre campesinos que creen haber salido baratos y pagan a plazos el resto de su vida.

Había aprendido pronto lo que cuestan las cosas. Nació en 1880 en Lamhi, una aldea cerca de Benarés. Su padre, empleado de correos, lo casó a los quince años y murió al año siguiente. Para seguir estudiando daba clase a los hijos de un abogado por cinco rupias al mes, de las que mandaba tres a casa, y dormía en un cuartucho de adobe encima de la cuadra. Un día de invierno de 1899, después de dos días comiendo grano tostado, fue a una librería a vender su manual de matemáticas. Le dieron una rupia. Un hombre de grandes bigotes que estaba en la tienda le ofreció un puesto de maestro por dieciocho.

Godaan (1936), su última novela completa, empieza con otro hombre que tiene prisa por presentarse ante el amo. Hori da pienso y agua a sus dos bueyes y pide el bastón a su mujer, Dhaniya. Ella quiere que beba algo antes de salir; él teme que, si se retrasa, el terrateniente haya empezado su baño y su puja y no lo reciba. Antes de irse dobla con mucho cuidado su chaqueta rota y la deja sobre el catre.

El argumento cabe en tres frases. Hori, arrendatario en la aldea de Belari, quiere una vaca, que en su mundo es riqueza y también camino de salvación, porque donar una vaca a un brahmán antes de morir es el rito que da título al libro. La consigue a crédito de Bhola, un vaquero viudo, y su propio hermano la envenena por envidia. Hori miente a la policía para no delatarlo, y también eso se paga.

Lo que Premchand construye a partir de ahí es una contabilidad. El narrador se mete en la cabeza de Hori cuando calcula, de modo que cada reverencia y cada préstamo aceptado llegan con su razonamiento. Hori llama a lo que defiende marjad, la honra que da a cada uno su sitio en la aldea, y la defiende pagando. Ram Vilas Sharma escribió en Premchand aur unka yug (1952) que el asunto central de la novela es la deuda: otros piden prestado, pero nadie como Hori. Después de la vaca, la ruina llega por acumulación: una multa del consejo de la aldea por acoger a la muchacha que su hijo Gobar ha dejado embarazada antes de huir a Lucknow y préstamos de usura para pagar otros préstamos.

En paralelo corre otra novela. En Lucknow, el terrateniente Rai Sahib, un profesor de filosofía, una doctora y un banquero discuten de matrimonio y de política. Nand Dulare Vajpeyi, en Premchand: ek sahityik vivechan (1953), comparó las dos tramas con dos familias que viven en dos alas de la misma casa: se cruzan de vez en cuando, alguna vez discuten, y nada más. La objeción tiene peso. Pero la casa tiene una viga maestra. Rai Sahib, el amo ante el que Hori corre a presentarse en la primera página, debe dinero al banquero. La deuda que hunde a Hori circula también por las alas nobles; lo que cambia es quién la acaba pagando. Es una lectura propia, y no anula la de Vajpeyi.

Premchand hizo una vez lo contrario de salir barato. En Hamirpur empezó una disentería que, según su relato, le duró nueve años y resistió a médicos y curanderos; una cura de agua lo dejó tan débil que un día tuvo que subir una escalera ayudándose con las manos. El 8 de febrero de 1921 Gandhi habló en Gorakhpur ante una multitud que Premchand calculó en no menos de doscientas mil personas. Días después dimitió de un empleo de veinte años. Cuenta que al mes de dejarlo la disentería había desaparecido, y que aquello lo volvió fatalista. En el mismo texto confiesa que tiene la malanga por un escorpión y que no soporta ni verla.

La independencia salió cara. Su imprenta de Benarés y la revista Hans, fundada en 1930, perdían dinero. En 1934 aceptó un contrato de guionista en Bombay y escribió Mazdoor, una película sobre obreros de una fábrica; según la Film Heritage Foundation, los trabajadores de su propia imprenta se inspiraron en ella para declararse en huelga por salarios atrasados. Para entonces había publicado Rangbhoomi (1924-1925), que él tenía por su mejor novela, con un mendigo ciego enfrentado a un industrial. Su último gran relato, Kafan («La mortaja»), salió en urdu en diciembre de 1935 en la revista de la Jamia Millia, en Delhi. Padre e hijo comen patatas asadas junto al fuego, tan deprisa que se queman la lengua y se les saltan las lágrimas, mientras dentro de la choza la mujer del hijo muere de parto. Con el dinero que les dan para la mortaja se emborrachan. Nirmal Verma, en un ensayo que cita Vineet Gill en The Caravan (2018), lo llamó el primer relato blasfemo de la literatura hindi.

Venía de los cuentos de Tagore, que leyó en inglés y tradujo al urdu, y de Tolstói. En abril de 1936 presidió en Lucknow la fundación de la Asociación de Escritores Progresistas y reprochó al artista de su tradición haber mirado los harenes y los bungalós y dejado fuera las chabolas. Toral Jatin Gajarawala, en Untouchable Fictions (2012), traza desde él una genealogía del realismo que pasa por la novela regional de Phanishwar Nath Renu y llega a la ficción dalit.

Esa herencia lo lee con recelo. En 2004, activistas de la Dalit Sahitya Akademi quemaron ejemplares de Rangbhoomi por el uso de la palabra chamar, nombre de casta usado como insulto. Dharmvir, en Premchand: samant ka munshi (2005), lo llamó escribano del señor feudal y le reprochó que en Godaan la explotación de Silia, una mujer dalit, por el hijo del brahmán quede en episodio secundario. Contra él se esgrime también Kafan, con sus dos chamar que se beben la mortaja. La objeción no se despacha con el argumento de la época: Premchand escribió sobre los dalit desde fuera, y la crítica dalit le pide cuentas de lo que vio desde allí.

En español Godaan no existe. Se lee en inglés, en la traducción de Gordon C. Roadarmel (The Gift of a Cow, 1968). Alterna capítulos de aldea y de ciudad, y los de la aldea sostienen el libro. La puerta en castellano es «El sudario», la traducción directa del hindi de Kafan que firma Álvaro Enterría (Olañeta, 2017): un relato de pocas páginas donde está ya el Premchand de Godaan, el que mira a los pobres sin hacerlos mejores de lo que son.

Hori pasa la novela saliendo barato, con una reverencia a tiempo o una multa aceptada para no perder la honra. Premchand lleva la cuenta hasta el final. La donación que da título al libro llega en la última página, y lo que se entrega no es una vaca.

«Mi vida es un llano liso y nivelado, con algún hoyo aquí y allá.»

Premchand, «Jivan-sar» (1932). Traducción propia del hindi.


Para seguir leyendo

  • Godaan (1936), sin traducción española; en inglés, The Gift of a Cow, trad. de Gordon C. Roadarmel (Indiana University Press, 1968) — su última novela completa, la que junta aldea y ciudad en la misma deuda.
  • Kafan («El sudario», 1935), en Los jugadores de ajedrez y otros cuentos de la India; trad. de Álvaro Enterría (José J. de Olañeta, 2017) — la mejor puerta para quien empieza: traducción directa del hindi, y el relato que Nirmal Verma situó en el origen de la prosa hindi moderna.
  • Rangbhoomi (1924-1925), sin traducción española; en inglés, Playground, trad. de Manju Jain (Penguin, 2011) — la que Premchand tenía por su mejor novela, y la que activistas dalit quemaron en 2004.

Grupo 7 — La tierra y los humildes. Sin conexiones documentadas con otros autores de la lista ni entrada en 101 Voces.

«La mortaja» (Kafan), trad. de Chandra Bhushan Choubey (2006) — Descarga Libre Disposición · PDF · Estudios de Asia y África, El Colegio de México

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