Retrato de Thomas Mann, en blanco y negro

Thomas Mann: una familia asegurada en mil marcos

Tiempo de lectura: 6 minutos

(1875 – 1955) — Alemania · alemán

Obra de referencia: Los Buddenbrook (Buddenbrooks. Verfall einer Familie, 1901)

Premio Nobel 1929

Una familia de comerciantes de grano anota bodas y quiebras en su propio cuaderno durante cuarenta años. La novela cuenta cómo se le acaban las páginas.

El 13 de agosto de 1900, Thomas Mann llevó a correos un sobre grueso dirigido a su editor, Samuel Fischer. Dentro iba el único ejemplar, escrito a mano, de su primera novela. Lo aseguró por mil marcos. Al empleado, según el relato de la ensayista polaca Małgorzata Łukasiewicz, le hizo gracia.

Mann tenía veinticinco años y la novela contaba la historia de su familia. El 13 de octubre de 1891 había muerto en Lübeck su padre, comerciante de grano y senador de la ciudad, y su testamento mandó vender la empresa y la casa. De aquello a Mann le quedaba lo que había metido en el sobre. Los Buddenbrook salió el 13 de octubre de 1901, diez años exactos después de la muerte del padre, en dos tomos y con una tirada de mil ejemplares. Quedaba por saber de quién era aquella historia: de quienes la habían vivido o de quien la había escrito.

La novela sigue a cuatro generaciones de una casa de comercio de grano entre 1835 y 1877, en una ciudad del Báltico que nunca se nombra y cuyas calles son las de Lübeck. Los abuelos estrenan casa; los nietos la venden a la familia rival, los Hagenström. El subtítulo, Decadencia de una familia, avisa del final desde la portada.

La primera frase es una pregunta, «¿Qué es esto?». Tony, una niña, recita el catecismo de Lutero en el salón recién estrenado, y cuando llega a la lista de lo que Dios concede, casa y hacienda, mujer e hijos, campo y ganado, el abuelo se echa a reír. La primera de sus once partes es una sola velada, la cena de inauguración, con casi todos los personajes ya presentes. Durante casi novecientas páginas vuelven las mismas señales, la tortura sorda que Christian siente en la pierna, la máxima del fundador que manda hacer de día solo los negocios que dejen dormir de noche.

El otro procedimiento es el tiempo. Según Łukasiewicz, la muerte de la abuela se anota como un trámite y la de la consulesa Elisabeth se alarga durante páginas que cuesta pasar. La novela acelera y frena según lo que pesa. Por debajo corre un documento dentro del documento, los papeles de la familia, donde se apuntan nacimientos y bodas. Tony escribe allí su propio compromiso con un hombre que no quería, como quien firma un contrato. Años después, Hanno, el heredero, traza con la regla una doble raya limpia bajo su nombre. Cuando su padre le pide cuentas, solo acierta a decir: «Creía… creía que ya no vendría nada más» (traducción propia).

En la última parte, un capítulo cambia de voz. Empieza con una frase de manual, «Con el tifus, la cosa es como sigue» (traducción propia), y describe el curso de la enfermedad en un enfermo cualquiera, sin nombre propio, hasta que el lector entiende de quién se está hablando. La germanista Katrin Max explicó en 2025 que el escritor casi copió el artículo sobre el tifus del Meyers Konversations-Lexikon, y que lo reconoció sin rodeos. Leído desde una guardia, el capítulo tiene la sequedad de una historia clínica, y esa sequedad hace un trabajo que ninguna escena junto a la cama haría.

Lübeck leyó el libro de otra manera. Los libreros vendían «claves» que emparejaban a cada personaje con un vecino, cuenta el germanista Tobias Boes. En un pleito por difamación de 1905, ajeno a Mann, el abogado de la acusación llamó a su libro «novela Bilse», por un teniente condenado por retratar a los oficiales de su guarnición. Mann contestó en febrero de 1906 con «Bilse und ich», un ensayo en el que no negó nada. El artista verdadero, escribió, toma de la vida y de los libros y lo anima, y sus personajes son emanaciones de quien los escribe. Según su autor, la historia de los Buddenbrook hablaba de él.

Al tío Friedrich no le convenció. Había servido de modelo a Christian, el hermano que vive pendiente de sus nervios. En octubre de 1913, doce años después de la novela, hizo publicar un anuncio en la prensa para pedir la condena del escritor que arrastraba por el barro a sus parientes más cercanos y exponía sus desgracias.

Fuera de los libros, Mann llevó una vida ordenada como un libro de cuentas. Escribía de nueve a doce, más o menos, todas las mañanas, siempre a mano; después leía, preparaba el trabajo y despachaba lo que llamaba «la exigencia del día», según contó Katia Mann en Meine ungeschriebenen Memoiren (1974). El orden convivió con otra cosa. Sus dos hermanas murieron por suicidio, Carla en 1910 y Julia en 1927, y su hijo Klaus en 1949. Los diarios, abiertos en 1975, veinte años después de su muerte, documentan una homosexualidad que mantuvo en privado toda la vida.

En 1933 volvió a perder una casa, esta vez la suya. El 11 de febrero salió de gira de conferencias por Europa y ya no volvió a vivir en Alemania. El 2 de diciembre de 1936 el régimen le quitó la nacionalidad, y la Universidad de Bonn, el doctorado honoris causa de 1919; su carta de respuesta al decano se publicó en casi toda Europa. La palabra alemana para lo que le hicieron, Ausbürgerung, lleva dentro Bürger, que es ciudadano y burgués a la vez. Vivió en Suiza, en Estados Unidos desde 1938 y otra vez en Suiza desde 1952. Murió en Zúrich el 12 de agosto de 1955.

Frank-Walter Steinmeier recordó en 2025, en el homenaje por los ciento cincuenta años de su nacimiento, que Mann nunca volvió a acercarse tanto a su origen. La montaña mágica (1924), nacida de una visita al sanatorio de Davos donde estaba ingresada su mujer, metió a Europa entera en un hospital de montaña. Doktor Faustus (1947), escrito en el exilio, contó Alemania a través de un compositor que pacta con el diablo. Aun así, el Nobel de 1929 se le concedió «principalmente» por la primera novela, veintiocho años después de publicada.

Mann habló de sus fuentes en una conferencia sobre Lübeck de 1926: rechazó cualquier parentesco con Zola y reconoció la Renée Mauperin de los Goncourt y las novelas de los noruegos Alexander Kielland y Jonas Lie. Hacia delante, Rasheed El-Enany, de la Universidad de Exeter, pone la Trilogía de El Cairo de Naguib Mahfuz (nº 76) a la altura de Guerra y paz y de Los Buddenbrook.

Hoy se discute también la familia que compra la casa. Yahya Elsaghe sostiene en Die imaginäre Nation (2000) que Mann marcó a los Hagenström con un estigma judío, y en trabajos posteriores señala que las películas lo borraron. Albert von Schirnding, al reseñar su libro, dio por refutada la tesis de un antisemitismo de Mann. La discusión sigue abierta.

La objeción del tío Friedrich también ha vuelto, con otro nombre. Boes enlaza «Bilse und ich» con la autoficción. En 2003 una antigua pareja de Maxim Biller lo llevó a juicio por Esra, y el libro acabó retirado. En 2006, Daniel Kehlmann se quejó en el Frankfurter Allgemeine de que se prohibiera a Biller lo que se había permitido a Proust y a Mann.

Para quien no ha abierto el libro, la puerta es la primera parte, que se lee como un relato completo: una cena y la casa entera. Los dos capítulos finales dedicados a Hanno, su día y su enfermedad, también se sostienen solos; en inglés, Damion Searls los publicó en 2023 como texto independiente. Quien prefiera empezar por algo breve tiene Tonio Kröger (1903), un relato largo en la misma ciudad que pregunta por el artista que no encaja entre burgueses.

El 13 de octubre de 2026, la agencia dpa contó cómo está la casa de la Mengstraße donde vivieron los abuelos de Mann. Hoy se llama Buddenbrookhaus, está cerrada desde 2020 y vaciada por dentro hasta los muros. En el cartel de la ventana, la fecha de reapertura está tapada con una pegatina roja que dice 2030; el servicio municipal de edificios ya habla de 2031. El manuscrito asegurado en mil marcos se perdió en la Segunda Guerra Mundial, y la casa de los Mann lleva el nombre de sus personajes.

«[…] pese a todo el libertinaje de artista, he seguido siendo un burgués de Lübeck.»

Thomas Mann, «Ein Nachwort», Lübeckische Anzeigen, 7 de noviembre de 1905 (traducción propia).


Para seguir leyendo

  • Los Buddenbrook, Thomas Mann (1901); trad. de Isabel García Adánez (Edhasa, 2008; Debolsillo, 2021) — la novela que el Nobel de 1929 citó por su nombre y la base de todo lo que Mann escribió después.
  • La montaña mágica, Thomas Mann (1924); trad. de Isabel García Adánez (Edhasa, 2005; Debolsillo, 2020) — la novela del sanatorio de Davos, donde el tiempo que en Los Buddenbrook aceleraba y frenaba se convierte en el asunto mismo del libro.
  • Doktor Faustus, Thomas Mann (1947); trad. de Eugeni Xammar (Debolsillo, 2020) — la novela del exilio, en la que Mann cuenta la caída de Alemania a través de la vida de un compositor.

Grupo 9 — Ciudad, familia y fresco social. En el grupo: Naguib Mahfuz (nº 76). Fuera del grupo: Marcel Proust (nº 1, Grupo 1), nombrado junto a Mann en la polémica sobre la autoficción. Sin entrada en 101 Voces del pensamiento filosófico.

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