Cuentos de dos kopecks

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Oficina de provincias en tono de sainete: mostrador de madera, retrato del dignatario, abrigo de gala en la percha, papeles por el suelo y un gato encima del montón

El Chéjov cómico y brevísimo, el que firmaba con seudónimo en revistas baratas y cobraba por línea: el gordo y el flaco, el camaleón de la plaza, el funcionario que estornuda. Pura risa de diez renglones.

El joven Antosha Chejonte, que firmaba cuentos de tres páginas en las revistas cómicas y cobraba por línea: el funcionario que estornuda, el camaleón que cambia de opinión según el uniforme del que llega, el gordo y el flaco que se reencuentran en una estación. Humor de diez renglones, seco y perfecto.

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