Un hombre que tenía dos gallos, compró una perdiz doméstica y la llevo al corral junto con ellos para alimentarla. Pero éstos la atacaban y la perseguían, y la perdiz, pensando que lo hacían por ser de distinta especie, se sentía humillada.
Pero días más tarde vio cómo los gallos se peleaban entre ellos, y que cada vez que se separaban estaban cubiertos de sangre. Entonces se dijo a sí misma:
-Ya no me quejo de que los gallos me maltraten, pues he visto que ni aun entre ellos mismos están en paz.
Si los vecinos no viven en paz, tú tampoco lo harás.
Cuento de la colección Clásicos de Tierra Quemada. Texto de dominio público.
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Médico de urgencias hospitalarias. Escribe ficción y las historias que quedan cuando se apaga el ruido. Vive en el Mediterráneo con un beagle que sabe más de lo que aparenta.
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