Un lobo que había sido mordido por unos perros, yacía en el suelo todo malherido. Viendo la imposibilidad de procurarse comida en esa situación, pidió a una oveja que pasaba por allí que le llevara un poco de agua del cercano río.
-Si me traes agua para beber -le dijo-, yo mismo me encargaré de mi comida.
-Si te llevo agua para beber -respondió la oveja-, yo misma asistiré a tu cena.
Las propuestas de los malhechores nunca son inocentes.
Cuento de la colección Clásicos de Tierra Quemada. Texto de dominio público.
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Médico de urgencias con cuarenta años de experiencia clínica. Escribe sobre el cerebro, la muerte y el pensamiento crítico, y sobre lo que la ciencia puede y no puede afirmar.
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