
La ciudad que inventó el cuento moderno: oficinas, tranvías, arrabales; y el que se va y no vuelve.
Cuando el mundo se hizo urbano, el cuento cambió de escenario: ya no el bosque, sino la oficina, el tranvía, la habitación alquilada y el café. El espejo deforme de la sociedad, la ciudad grande de O. Henry, el taller del que crea, el que emigra y el que se juega la vida en un arrabal. Aquí está el cuento tal como lo leemos hoy.
412 cuentos en 11 estantes
El mundo al revés
El cuento como espejo deforme: vanidosos, tacaños, hipócritas y oficios que se creen importantes. Aquí nadie se salva y nadie sale herido: la risa es el único castigo.
La ciudad grande
La ciudad moderna como protagonista: oficinistas, ascensores, tranvías y habitaciones alquiladas. El cuento urbano que nació con el Nueva York de 1900 y la ciudad en la que todavía vivimos.
El taller
Cuentos que miran por encima del hombro de quien crea. Escritura, pintura, música, oficio artístico.
Lejos de casa
Quien se va nunca llega del todo, y quien vuelve ya no encuentra lo que dejó. Viaje, exilio, migración, extranjería.
Aventuras y crímenes
Mundos lejanos que huelen a especias y a pólvora, y barrios donde un cuchillo resuelve lo que la ley no. Aventuras de desierto y de arrabal, casi todas del mismo hombre que escribía como si la vida fuera un atraco.
Cuentos de dos kopecks
El Chéjov cómico y brevísimo, el que firmaba con seudónimo en revistas baratas y cobraba por línea: el gordo y el flaco, el camaleón de la plaza, el funcionario que estornuda. Pura risa de diez renglones.
Un buen bistec
El London de la ciudad, el boxeo y el mar: boxeadores acabados, marineros, huelgas y una peste que acaba con el mundo. La ley del más fuerte, en camisa.
El alienista
Machado de Assis y el Brasil del siglo XIX: el médico que encierra a un pueblo entero por loco, la cartomante que acierta, el diplomático vanidoso y las señoras que se aburren. Ironía fina, sin levantar la voz.
Bestias y superbestias
Saki, el maestro del cuento breve y cruel: la ventana que se abre a los cazadores, el gato que habla demasiado, la niña que inventa un santo y el tigre que se escapa de la casa. Humor de guante blanco y final que muerde.
Un yanqui en la corte del rey Arturo
Mark Twain: el humor americano más afilado, la rana saltadora, el elefante robado, el diario de Adán y la sátira de la caballería medieval. Nada se salva y todo hace gracia.
El libro del desasosiego
Fernando Pessoa: la ciudad de Lisboa, la oficina, el cansancio y la mirada que se queda en un detalle sin importancia. La melancolía moderna en su forma más exacta.