En una bonita casita del bosque vivían siete cabritillos y su mamá. Un día la mamá cabra tuvo que irse de compras al pueblo y dijo a sus hijitos:
-Hijos míos, me voy a comprar al pueblo y cuando yo vuelva daremos un paseo por el campo. Les traeré exquisita comidita.
Y todos los cabritillos, felices, dijeron:
-¡Sí, mamá!
Antes de salir de casa, la mamá cabra les dijo:
-Mientras yo no llegue, no abran la puerta a nadie, ¿vale, hijitos?
Y los cabritillos, obedientes, dijeron:
-¡Sí, mamá!
Fuera de casa, detrás de un árbol, se escondía un temible lobo que observaba cómo la madre cabra salía con su bolso de casa, dejando a sus hijitos solitos dentro de la casa.
Minutos después de que la madre cabra saliera de casa, el lobo se acercó a la puerta y dando algunos golpes -toc toc toc- a la puerta de la casa de los cabritillos, dijo:
-Soy mamá y les traigo buena comidita, ¿pueden abrirme la puerta?
Reconociendo la voz del lobo, los cabritillos gritaron:
-Nooo… tú no eres nuestra madre. ¡Eres el lobo!
Decepcionado, el lobo se fue y se acercó a una granja que había allí cerca, y se comió docenas y docenas de huevos para aclarar y suavizar la voz. Y volvió a la casa de los cabritillos -toc toc toc- y con voz suave dijo:
-Niños, soy mamá, ¿pueden abrirme la puerta?
No convencidos de que era su madre, los cabritillos le dijeron:
-Si eres nuestra madre, entonces enséñanos tu pata.
El lobo no dudó en enseñarles su pata negra y peluda por debajo de la puerta. Y los cabritillos dijeron:
-Nooo… tú no eres nuestra madre. ¡Eres el lobo!
Contrariado, el lobo se dirigió a la casa de un molinero y le pidió un saco de harina. Metió una patita en la harina para que se la blanqueara y se fue otra vez a la casa de los cabritillos -toc toc toc- y les dijo:
-Niños, soy mamá y les traigo comidita muy exquisita del pueblo. ¡Abran la puerta!
Los cabritillos volvieron a decirle:
-Si eres nuestra madre, entonces enséñanos tu pata.
El lobo enseñó la pata bien rebozada en harina por debajo de la puerta y los cabritillos dijeron:
-¡Esta vez sí que eres mamá! -y abrieron la puerta.
El lobo entró rápidamente en la casa y empezó a correr para alcanzar a los cabritillos. Los cabritillos salieron corriendo y se escondieron cada uno en un sitio distinto.
En ese momento pasaba por allí un cazador que, oyendo todo el ruido de voces, entró en la casa. Estaba a punto de matar al lobo cuando el animal salió corriendo asustado y con miedo, rogando al cazador que no lo matara y jurando que jamás volvería por aquellos lados. Al cabo de un rato llegó la mamá cabra y se encontró la puerta abierta y la casa vacía.
-Ay, ¡mis hijitos! Seguro que a todos se los ha llevado el lobo.
Fue entonces cuando todos los cabritillos, uno a uno, fueron saliendo de sus escondrijos para la alegría de la mamá cabra. El cazador le explicó todo lo que había ocurrido. Y entonces, como agradecimiento al cazador, la mamá cabra y sus cabritillos prepararon una gran fiesta donde pudieron comer la rica comidita que había comprado la mamá cabra en el mercado del pueblo.
Cuento de la colección Clásicos de Tierra Quemada. Texto de dominio público.
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Médico de urgencias con cuarenta años de experiencia clínica. Escribe sobre el cerebro, la muerte y el pensamiento crítico, y sobre lo que la ciencia puede y no puede afirmar.
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