Cuando los humanos vieron por primera vez al camello se asustaron, y atemorizados por su gran tamaño emprendieron la huída. Pero pasado el tiempo y viendo que era inofensivo, se envalentonaron y se acercaron a él. Luego, viendo poco a poco que el animal no conocía la cólera, llegaron a domesticarlo hasta el punto de colocarle una brida, dándoselo a los niños para conducirlo.
Lo desconocido debemos tratarlo con recelo y prudencia.
Cuento de la colección Clásicos de Tierra Quemada. Texto de dominio público.
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Médico de urgencias con cuarenta años de experiencia clínica. Escribe sobre el cerebro, la muerte y el pensamiento crítico, y sobre lo que la ciencia puede y no puede afirmar.
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