Sentía el camello envidia por los cuernos del toro, y quiso obtener los suyos propios. Para esto fue a ver a Zeus, pidiéndole que le regalara cuernos semejantes a los del toro. Pero Zeus, indignado de que no se contentara de su gran tamaño y fuerza, no sólo se negó a darle los cuernos, sino que además le cortó una parte de las orejas.
La envidia no es productiva.
Cuento de la colección Clásicos de Tierra Quemada. Texto de dominio público.
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Médico de urgencias con cuarenta años de experiencia clínica. Escribe sobre el cerebro, la muerte y el pensamiento crítico, y sobre lo que la ciencia puede y no puede afirmar.
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