Sorprendió un león a una liebre que dormía tranquilamente. Pero cuando estaba a punto de devorarla, vio pasar a un ciervo. Dejó entonces a la liebre por perseguir al ciervo.
Despertó la liebre ante los ruidos de la persecución, y no esperando más, emprendió su huida.
Mientras tanto el león, que no pudo dar alcance al ciervo, ya cansado, regresó a tomar la liebre y se encontró con que se había escapado.
Entonces se dijo el león:
-Bien me lo merezco, pues teniendo ya una presa en mis manos, la dejé para ir tras la esperanza de obtener una mayor.
Si tienes un pequeño beneficio no lo abandones hasta que no tengas el mayor.
Cuento de la colección Clásicos de Tierra Quemada. Texto de dominio público.
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Médico de urgencias con cuarenta años de experiencia clínica. Escribe sobre el cerebro, la muerte y el pensamiento crítico, y sobre lo que la ciencia puede y no puede afirmar.
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