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Una alondra que había caído en un lazo se lamentaba así:
-¡Ay! de mí, infeliz avecilla, no he tomado ni oro ni plata ni cosa alguna preciosa, solamente un grano de trigo me ha traído a la muerte.
Esta fábula amonesta a los que por cosas de ningún valor se exponen a graves peligros.
Cuento de la colección Clásicos de Tierra Quemada. Texto de dominio público.
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Médico de urgencias hospitalarias. Escribe ficción y las historias que quedan cuando se apaga el ruido. Vive en el Mediterráneo con un beagle que sabe más de lo que aparenta.
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