Le dijo un día un cervatillo al ciervo:
-Padre: eres mayor y más veloz que los perros y tienes además unos cuernos magníficos para defenderte. ¿Por qué huyes delante de ellos?
El ciervo respondió riendo:
-Justo es lo que me dices, hijo mío; mas no sé lo que me sucede, pero cuando oigo el ladrido de un perro, inmediatamente me doy a la fuga.
Nada puede cambiar a un ánimo temeroso.
Cuento de la colección Clásicos de Tierra Quemada. Texto de dominio público.
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Médico de urgencias con cuarenta años de experiencia clínica. Escribe sobre el cerebro, la muerte y el pensamiento crítico, y sobre lo que la ciencia puede y no puede afirmar.
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