(1956 – en vida) — Estados Unidos
Un médico que se hizo filósofo para preguntar por qué pasamos la vida dentro de un cuerpo del que casi nunca sabemos nada. Su respuesta empieza en las vísceras y acaba en una celda.
Drew Leder ha contado que su espalda y sus nervios le han llevado tres veces al quirófano. Lo cuenta en un artículo de 2023 que vuelve, más de tres décadas después, sobre el libro que lo dio a conocer: un estudio de por qué casi nunca notamos el cuerpo.
Mientras alguien lee, los ojos no aparecen en lo que ven. La mano que escribe siente el bolígrafo y, a través de él, el papel; de sí misma no siente casi nada. Leder llama extático a este cuerpo de superficie, el de los sentidos y el movimiento, y recupera para ello la raíz griega de «estar fuera». El cuerpo que percibe y actúa se vuelca hacia el mundo y se borra en el gesto. Hay dos maneras de borrarse. El órgano que percibe desaparece del campo que él mismo abre, como el ojo del paisaje; el resto queda fuera de juego mientras dura la tarea, como los pies de quien lee sentado y no sabe, hasta que se levanta, que se le habían dormido.
Debajo hay otro silencio, más hondo. Nadie ha sentido nunca su hígado filtrando la sangre. Tampoco el cerebro que fabrica el pensamiento con el que se pregunta por el cerebro. Las vísceras ni siquiera tienen que retirarse para dejar sitio al mundo, porque nunca llegaron a asomarse. Leder llama recesivo a este cuerpo de profundidad, un repliegue por el que las funciones orgánicas siguen su curso a escondidas, y le dedica la parte de The Absent Body (1990) que más lo separa de sus maestros. Merleau-Ponty había devuelto el cuerpo vivido al centro de la fenomenología, pero era sobre todo el cuerpo que ve y se mueve. Edward S. Casey, en la presentación editorial del libro, escribió que Leder entraba en una región que los filósofos anteriores habían temido pisar.
Y entonces algo falla. El cuerpo que había callado regresa como problema: el dolor de cabeza, la rodilla que no responde. Para ese regreso Leder acuñó el término de más fortuna de su obra, dys-aparición (dys-appearance), con el prefijo griego de lo malo y lo difícil que la medicina conserva en disnea o disfunción. El cuerpo aparece, y aparece mal. La estructura se lee entera en cualquier motivo de consulta de un servicio de urgencias: «dolor torácico de dos horas de evolución».
De ahí sale la jugada más original del libro. Si el cuerpo se borra cuando funciona y solo se presenta cuando estorba, la experiencia corriente enseña sobre él algo sesgado: que es un obstáculo, una máquina que de vez en cuando se rebela. Leder relee a Descartes con esa sospecha y encuentra que el cuerpo entra en sus textos casi siempre por el lado del fallo, como fuente de error y de engaño, de enfermedad y de muerte. En los Principios de la filosofía (1644), Descartes se detiene en una paciente amputada que sigue sintiendo dolor en la mano que ya no tiene. El dualismo, en esta lectura, toma una experiencia verdadera y la eleva a metafísica: como el cuerpo es una estructura tácita que se oculta a sí misma, la mente racional puede llegar a parecer incorpórea. Leder lo formuló como propósito en la propia tesis doctoral de la que salió el libro: no criticar el dualismo desde fuera, sino desmontarlo desde dentro.
Gilbert Ryle había atacado el mismo dualismo en 1949 desde el uso del lenguaje, y lo había llamado fantasma en la máquina. Leder llega por el otro lado. Concede que la experiencia del fantasma es real y busca en el cuerpo la razón de que lo sea.
La formación explica parte del enfoque. Leder estudió medicina en Yale y se doctoró en filosofía en Stony Brook, y ha escrito que en la facultad de medicina el cuerpo se trataba por lo general como un objeto mecánico. The Absent Body está sembrado de ejemplos de esa formación clínica. Lo demás de su biografía se resiste a servir de prueba de nada: en 1994, el Baltimore Sun lo retrataba como un judío que enseñaba pensamiento asiático en una universidad jesuita, acudía a las reuniones de los cuáqueros y conducía un Mustang rojo de 1967.
El mismo reportaje lo encontraba los lunes en la Penitenciaría de Maryland, de máxima seguridad, discutiendo con los internos sobre la violencia y el perdón. Leder enseña filosofía en cárceles de Maryland desde 1992. De aquellas clases salió The Soul Knows No Bars (2000), escrito con presos que respondían a textos de Foucault o Heidegger, entre otros, y con prólogo de Cornel West. En 2009 puso en marcha el programa que hoy se llama JCI Scholars Program.
The Distressed Body (2016) junta en un solo libro lo que la universidad suele repartir en departamentos distintos. Empieza en la consulta médica, pasa por la bioética y termina en la cárcel y en la granja industrial. La idea que lo sostiene es que el sufrimiento corporal puede nacer dentro, como la enfermedad, o imponerse desde fuera, en un hospital que despersonaliza o en una celda. Leída con el vocabulario de 1990, la celda hace algo preciso con el cuerpo del preso: le quita el mundo en el que un cuerpo sano se olvida de sí mismo. Leder ha trabajado esta parte con coautores que no suelen firmar libros de filosofía, entre ellos un cardiólogo y presos de larga condena.
El término dys-aparición ha viajado más lejos que el libro. Claire O’Neill lo usó en 2018 para describir cómo las mujeres que ocupan puestos de dirección perciben su propio cuerpo como algo fuera de sitio, una presencia que molesta en la sala de reuniones sin que nada les duela. En ese uso, lo que hace aparecer el cuerpo es la mirada de los demás.
La objeción más seria vino de dentro de la propia fenomenología. Kristin Zeiler señaló en 2010 que el cuerpo también aparece cuando las cosas van bien, en el placer, y propuso llamarlo eu-aparición, con el prefijo griego de lo bueno. La crítica deja al modelo de Leder en una posición incómoda: construido sobre el dolor y la enfermedad, parece saber del cuerpo poco más que sus averías. En 2025, el fenomenólogo español Agustín Serrano de Haro fue más lejos a propósito de lo que llama el dulce escalofrío. La imagen del cuerpo ausente le parece ambigua como estructura de la experiencia y demasiado tajante como metáfora, y sugiere que quizá debería dejar paso a una impregnación corporal de toda la vida consciente: un cuerpo que no se va nunca del todo y tiñe cada percepción sin hacerse notar.
The Healing Body, que cierra la trilogía sobre la experiencia corporal y es, a la altura de 2026, su último libro sobre el asunto, mira la enfermedad y la vejez desde el lado de las respuestas que una persona puede inventar ante ellas. El esquema de 1990 sabía describir el cuerpo que se esconde y el que irrumpe. El de quien convive con un dolor de años hace una tercera cosa: se queda. Leder la conoce desde el quirófano, y la trilogía entera puede leerse como un intento de nombrarla sin convertirla en avería.
«Los enfermos crónicos comparten muchas de las luchas de los presos de larga condena.»
— Drew Leder, «The Absent Body (and Beyond)», The Philosopher (2023)
Para seguir leyendo
- The Absent Body, Drew Leder (1990) — Sin traducción al español; es el libro donde nacen lo extático, lo recesivo y la dys-aparición, contado con ejemplos clínicos y sin jerga gratuita.
- The Distressed Body: Rethinking Illness, Imprisonment, and Healing, Drew Leder (2016) — Tampoco traducido; el paso de la fenomenología del cuerpo a la crítica de la medicina, la cárcel y la granja industrial.
- Los gozos del cuerpo y el fenómeno del «dulce escalofrío»: una aportación husserliana, Agustín Serrano de Haro (2025) — Artículo en español, en acceso abierto en la revista Enrahonar; la discusión más reciente del modelo de Leder, desde el placer y no desde el dolor.
Grupo 3 — Los que escucharon el cuerpo antes que la mente. Dentro del grupo: Merleau-Ponty (nº 16).
Otros del grupo
Luce Irigaray · Mark Johnson · Simone de Beauvoir
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Médico de urgencias hospitalarias. Escribe ficción y las historias que quedan cuando se apaga el ruido. Vive en el Mediterráneo con un beagle que sabe más de lo que aparenta.
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