Marama y el río de los cocodrilos — Cuando los dioses hablaban, ilustración de la colección Clásicos

Marama y el río de los cocodrilos

Tiempo de lectura: 3 minutos

Marama era una niña pequeña cuando sus padres murieron. El jefe confió su custodia a una de las mujeres de la aldea. Pero era una mujer malvada que pegaba a la niña, no le daba de comer y solo pensaba en librarse de ella.

Un día le dio a Morama un pesado mazo, de los que sirven para moler el grano, y le dijo:

-Vete al río de los cocodrilos Bama-ba y lava este mazo para que pueda utilizarlo para triturar el arroz.

Morama estalló en sollozos porque el río estaba muy lejos, era muy profundo y estaba lleno de serpientes y cocodrilos. A la gente le daba miedo ir allí y solo las gacelas y los leones iban a beber. Pero Marama tenía tal terror a su malvada madrastra que cogió el mazo y se fue. En el camino del bosque encontró un león que, agitando su melena, rugió con voz terrorífica:

-¿Cuál es tu nombre y adónde vas?

Marana tenía mucho miedo, pero cantó con dulce voz:

Marama es mi nombre

Y no tengo madre…

Voy al río

a lavar este mazo.

Al río de los cocodrilos,

mi madrastra me ha enviado.

Allí solo van las gacelas

Y los leones a beber.

Y duermen las serpientes

y los cocodrilos.

-¡Ve, pues, Marama, niña sin madre! –dijo el león-. Ve y no tengas miedo. Yo velaré para que no te molesten las gacelas y los leones cuando vayan a beber.

Marama prosiguió su camino y cuando llegó al río, un horrible y viejo cocodrilo surgió ante ella, abrió su enorme boca y sus grandes ojos rojos parecían salírsele de la cabeza.

-¿Cuál es tu nombre y adónde vas? –preguntó.

Marama llena de miedo cantó con dulce voz:

Marama es mi nombre

Y no tengo madre…

Voy al río

a lavar este mazo.

Al río de los cocodrilos,

mi madrastra me ha enviado.

Allí solo van las gacelas

Y los leones a beber.

Y duermen las serpientes

y los cocodrilos.

-¡Ve, pues, Marama, niña sin madre! -dijo el cocodrilo-, lava el mazo y no te asustes. Yo velaré para que no te molesten las serpientes y los cocodrilos que viven en el río.

Marama se arrodilló a la orilla el río y empezó a lavar el mazo, pero, como pesaba mucho, se le resbaló de las manos y desapareció en el agua. Marama se puso a llorar porque no podía volver a casa sin el mazo. De repente surgió del agua un cocodrilo que le dio un mazo nuevo, completamente limpio e incrustado de oro y plata.

-Lleva este mazo a tu casa, Morama, niña sin madre, y enséñalo a todos para que el mundo sepa que el poderoso Subara, rey de los cocodrilos, es tu amigo.

Marama le dio las gracias y volvió a su casa. Por el camino encontró de nuevo al león.

-Déjame el mazo, Marama, niña sin madre, -dijo-. Pesa demasiado para ti. Te lo llevaré hasta tu casa y así todo el mundo sabrá que el poderoso Subara, rey del río de los cocodrilos, es tu amigo.

Cuando Marama llegó a casa, su madrastra admiró mucho el mazo y le preguntó dónde lo había encontrado. Marama solamente le dijo que lo había encontrado en el río de los cocodrilos. Entonces la madrastra cogió otro viejo mazo y fue corriendo al río para poder, también ella, encontrar uno nuevo incrustado de oro y plata.

Por el camino, a través del bosque, encontró un león que agitando su melena, rugió con terrorífica voz:

-¿Quién eres y adónde vas?

La perversa mujer se asustó tanto que no pudo responder y puso pies en polvorosa. El león la siguió con la mirada hasta que hubo desaparecido entre los árboles y simplemente se encogió de hombros.

Al llegar al río la mujer, un horrible y viejo cocodrilo surgió ante ella, abrió su enorme boca y sus grandes ojos rojos parecían salírsele de la cabeza.

-¿Cuál es tu nombre y adónde vas? -preguntó.

La malvada mujer se asustó tanto que no pudo decir ni una palabra y huyó por la orilla del río. No llegó muy lejos. Los leones y las gacelas que iban a beber la rodearon, así como las serpientes y los cocodrilos que vivían en el río, y cantaron todos a coro:

Marama, la niña sin madre,

puede venir a lavar

porque el poderoso Subara,

rey del río, es su amigo.

Pero para ti, pérfida mujer,

El río de los cocodrilos

Significa la muerte.

Y así fue.

Cuento de la colección Clásicos de Tierra Quemada. Texto de dominio público.

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