En el principio solo había Mavutsinim. Nadie vivía con él. No tenía esposa. No tenía ningún hijo, ni tenía pariente alguno. Estaba solo, completamente solo.
Un día, convirtió una concha en mujer y se casó con ella. Cuando nació su hijo, le preguntó a su esposa:
-¿Es hombre o mujer?
-Es un hombre.
-Lo llevaré conmigo.
Luego se fue. Lloró la madre del muchacho y regresó a su aldea, la laguna, donde se convirtió en concha otra vez.
-Somos los nietos del hijo de Mavutsinim -dicen los indios.
Cuento de la colección Clásicos de Tierra Quemada. Texto de dominio público.
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Médico de urgencias con cuarenta años de experiencia clínica. Escribe sobre el cerebro, la muerte y el pensamiento crítico, y sobre lo que la ciencia puede y no puede afirmar.
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