(1908–1986) — Francia
«Si quiero definirme, estoy obligada a declarar primero: soy una mujer.» Ningún hombre empieza así un libro de filosofía. Beauvoir convirtió esa obligación en su objeto de estudio.
La frase más citada de Simone de Beauvoir llega tarde. Aparece en la primera línea del segundo tomo de El segundo sexo, cuando el lector ya ha cruzado la biología, el psicoanálisis, el materialismo histórico y unos cuantos siglos de mitos: «No se nace mujer: se llega a serlo».
El orden importa. Antes de describir cómo se fabrica la feminidad, Beauvoir desmonta uno por uno los discursos que la habían dado por hecho natural, y solo después de ese trabajo de demolición se permite la fórmula. El libro salió en 1949. La edición francesa vendió unos 22.000 ejemplares en la primera semana, y el Vaticano lo metió en el Índice de libros prohibidos, donde siguió hasta que el propio Índice desapareció en 1966.
La idea que sostiene todo lo demás aparece pronto, en el capítulo dedicado a la biología. Apoyándose en Heidegger y en Merleau-Ponty (nº 16, Grupo 3), Beauvoir escribe que el cuerpo es una situación, la forma en que agarramos el mundo y el esbozo de nuestros proyectos. La subordinación empieza cuando una cultura lee el útero como destino. La biología cuenta, y ella la expone con más detalle del que suele recordarse, pero por sí sola no dice qué significará tener ese cuerpo en una sociedad concreta.
Conocía a Merleau-Ponty desde finales de los años veinte, cuando los dos hicieron las prácticas de profesorado en el mismo liceo. En 1945 reseñó la Fenomenología de la percepción en Les Temps modernes, la revista que acababa de fundar con Sartre. De ahí viene el cuerpo vivido como manera de estar en el mundo, y de ahí viene también la pregunta que ese libro dejaba fuera. El sujeto encarnado de la fenomenología percibía y alcanzaba las cosas, pero el libro de Merleau-Ponty no se detenía en qué cambia cuando ese cuerpo es, para los demás, sobre todo un cuerpo que se mira. Beauvoir se lo preguntó, y descubrió que el sujeto encarnado tenía sexo y que el sexo decidía buena parte de lo que el mundo le dejaba hacer.
La otra herencia era la de Sartre (nº 59, Grupo 9): una libertad de la que no hay escapatoria, un proyecto que ninguna circunstancia determina del todo. Beauvoir la acepta y la somete a un caso que Sartre no había pensado. ¿Qué libertad tiene una muchacha a la que han educado para encontrar su valor en la mirada de otro? En abstracto puede elegir. Elige, sin embargo, dentro de una situación que la ha preparado para ser lo inesencial frente a lo esencial, la que se define por relación al hombre y nunca al revés. Esa situación tiene autores, y la libertad que deja es más estrecha de lo que la ontología de Sartre suponía.
La relación intelectual entre los dos se ha contado casi siempre en una sola dirección. En la agregación de 1929 ella quedó segunda, detrás de él, con veintiún años, la más joven en aprobarla hasta entonces. Edward y Kate Fullbrook sostuvieron en 1994 que el armazón de El ser y la nada (1943) sale en parte de la novela que Beauvoir le dio a leer a Sartre durante un permiso militar de 1940, y que él lo reconoció a medias en sus cuadernos de guerra. La tesis ha sido muy discutida. Aun así, obliga a desconfiar de la imagen de la discípula. En Para una moral de la ambigüedad (1947) Beauvoir hizo además lo que Sartre no había hecho: separó la libertad que se tiene por el hecho de existir de la libertad ética, la que se gana actuando, y escribió que quererse libre es también querer libres a los otros.
El primer tomo, Los hechos y los mitos, trata a los grandes discursos de su época como la fenomenología trata a los prejuicios: los pone entre paréntesis para ver qué dejan fuera, y de cada uno se queda con lo que sirve. Al psicoanálisis le reprocha haber convertido la envidia del pene en destino. A Engels le reconoce que El origen de la familia supuso un avance, y le reprocha a continuación haber reducido la oposición entre los sexos a un conflicto de clases, como si bastara con abolir la familia burguesa para que la mujer quedara libre.
El segundo tomo, La experiencia vivida, cambia de método. Deja las teorías a un lado y describe, desde dentro, cómo se aprende a ser mujer, desde la infancia hasta la vejez, con el matrimonio y la maternidad en medio. Ahí está el pasaje que más resistencia sigue provocando. Beauvoir describe el embarazo como un proceso que ocurre en la mujer y del que ella puede sentirse instrumento pasivo, un don y una carga a la vez, y defiende formas colectivas de crianza que no dejen todo el peso en la madre. Esa descripción no es un argumento contra la maternidad. Es un argumento contra la obligación de amarla.
No escribió solo ensayo. La invitada, la novela de aquel permiso, salió en 1943, y Los mandarines le dio el Goncourt en 1954. Dos décadas después de El segundo sexo llevó el mismo método a otra condición que la cultura prefiere no mirar, en La vejez (1970).
La objeción más persistente apunta al sujeto del libro. La mujer que Beauvoir describe es blanca y educada, con tiempo para preguntarse por su proyecto. La trabajadora que no tiene ese tiempo y la mujer colonizada aparecen poco, y casi siempre vistas desde fuera. La crítica de bell hooks (nº 26, Grupo 4) al feminismo blanco y de clase media, y la pregunta de Spivak (nº 27, Grupo 4) sobre quién puede hablar en nombre de quién, apuntaban más allá de ella y la incluyen. En abril de 1971 Beauvoir redactó el manifiesto en el que 343 mujeres declaraban en Le Nouvel Observateur haber abortado, cuando abortar era delito en Francia y firmarlo exponía a un proceso penal. Pedían la legalización del aborto y el acceso libre a los anticonceptivos. La ley Veil llegó en 1975. El libro de 1949 seguía construido sobre la experiencia de unas pocas.
Hay otra discusión, menos visible, sobre la propia frase del segundo tomo. Judith Butler (nº 25, Grupo 4) la leyó en 1986 como una primera distinción entre sexo y género, y desde entonces circula como si Beauvoir hubiera separado un cuerpo natural de un papel aprendido encima. Toril Moi sostuvo en 1999 que esa lectura le presta a Beauvoir un vocabulario que no es el suyo. Para ella el cuerpo ya es situación, y no hay un sexo puro debajo sobre el que la cultura actúe después. La disputa sigue abierta entre especialistas y decide algo más que un matiz: si Beauvoir es la precursora del género o una alternativa a él.
Queda la objeción que viene de su vida. El pacto con Sartre, un amor necesario que admitía amores contingentes y la promesa de no mentirse, se presentó durante décadas como prueba de que otra forma de pareja era posible. Las cartas y el diario de guerra que Sylvie Le Bon publicó en 1990 enseñaron la otra cara. Bianca Lamblin, que había sido alumna de Beauvoir en el liceo Molière con dieciséis años y después amante de los dos, se reconoció en esas páginas bajo el seudónimo de Louise Védrine. Respondió en 1993 con Mémoires d’une jeune fille dérangée, título que remeda el de las memorias de su antigua profesora, y contó la duplicidad de la que había sido objeto. Beauvoir no resolvió en su vida lo que había formulado en su obra. Eso no invalida el pensamiento. Pero lo obliga a examinarse.
La introducción de El segundo sexo planteaba una pregunta que parecía de manual: qué es una mujer. Dos tomos después, Beauvoir había contestado con un verbo. Se llega a serlo. Cincuenta años más tarde, Toril Moi tituló un libro con la misma pregunta.
«Él es el Sujeto, él es lo Absoluto: ella es lo Otro.»
— El segundo sexo, Introducción, 1949
Para seguir leyendo
- El segundo sexo, Simone de Beauvoir (1949) — En español, en la traducción de Alicia Martorell para Cátedra. Quien quiera ir al análisis existencial antes que al repaso histórico puede leer la introducción y saltar al segundo tomo.
- Memorias de una joven formal, Simone de Beauvoir (1958) — Su formación contada por ella misma, y el libro cuyo título parodiaría Bianca Lamblin treinta y cinco años después.
Grupo 3 — Los que escucharon el cuerpo antes que la mente
Otros del grupo
Maurice Merleau-Ponty · Luce Irigaray · Paul Schilder
← Volver al índice del libro · 101 filósofos y pensadores
Descarga libre
Los 7 filósofos de este grupo, reunidos en un libro con portada, para leerlos seguidos o sin conexión.
Grupo 3 — Los que escucharon el cuerpo antes que la mente · ePub · 418 KB
Formato ePub, el que abren Apple Books, Google Play Books, Kindle (convirtiéndolo) y casi cualquier lector. Sin registro, sin correo, sin nada.

Médico de urgencias hospitalarias. Escribe ficción y las historias que quedan cuando se apaga el ruido. Vive en el Mediterráneo con un beagle que sabe más de lo que aparenta.
Este sitio es un proyecto de RedBeta