Paul Celan (1920 – 1970)
Tiempo de lectura: 5 minutos

(1920–1970) — Rumania / Francia

Escribió su poesía en alemán, la lengua de su madre y la del Estado que planificó el exterminio. Vivió veintidós años en París y siguió en esa lengua, obligándola a decir lo que había pasado dentro de ella.

El poema en alemán más leído sobre el exterminio apareció primero en rumano. En mayo de 1947 se publicó como «Tangoul morții», tango de la muerte, en la traducción de su amigo Petre Solomon. El original esperó un año más y salió en Viena, en una tirada corta que acabó retirada por las erratas.

El rodeo dice algo del problema que Celan tuvo delante toda su vida. El alemán que había servido para organizar deportaciones con lenguaje de oficina era el mismo, palabra por palabra, que el de Hölderlin. ¿Se puede nombrar a los muertos en la lengua que administró su muerte? La respuesta de Celan está en el idioma mismo, que fue rompiendo de libro en libro, y esa rotura es el motivo de que figure entre filósofos sin haber escrito un tratado.

Había nacido Paul Antschel en noviembre de 1920, en Czernowitz, entonces Rumania, en una familia judía de lengua alemana. En junio de 1942 sus padres fueron deportados a un campo de Transnistria. El padre murió, probablemente de tifus. A la madre la mataron de un tiro cuando el trabajo forzado ya la había agotado. Él estaba en un campo de trabajo rumano, del que no salió hasta febrero de 1944.

«Todesfuge», «Fuga de muerte», se hizo conocida con Mohn und Gedächtnis (Amapola y memoria, 1952). Está construida como una fuga musical: unos pocos motivos que vuelven, se superponen y cambian de voz. Abre con una leche negra que alguien bebe a todas horas, una imagen imposible que no describe ningún campo y que, por eso mismo, deja al lector sin el amparo del informe. Lo que queda después de leerlo es un compás que se repite sin salida, con la música obligada de los campos sonando al fondo.

La frase de Adorno, escrita en 1949, según la cual hacer un poema después de Auschwitz era un acto de barbarie, suele citarse junto a este poema. Las fechas no cuadran: «Todesfuge» es anterior. Lo que hubo entre los dos fue un encuentro que no llegó a ocurrir. En el verano de 1959 Celan viajó con su familia a Sils-Maria para conocer a Adorno y volvió a París antes de la cita. De esa ausencia salió Gespräch im Gebirg (Conversación en la montaña, 1960), una prosa que se pregunta si las palabras pueden alcanzar todavía a alguien. Adorno, por su parte, admitió en Dialéctica negativa (1966) que quizá había sido falso decir que después de Auschwitz ya no podía escribirse ningún poema.

Después vino la radicalización. En Die Niemandsrose (1963) y Atemwende (1967) el alemán se parte en compuestos que no existen, los verbos se quedan sin sujeto y la sintaxis deja huecos. La acusación de hermetismo lo acompañó desde entonces: una dificultad que dejaba fuera a casi todos y convertía el duelo en asunto de especialistas.

La objeción merece tomarse en serio, y Celan le respondió a su manera en el discurso del Premio Büchner, leído en Darmstadt el 22 de octubre de 1960 y publicado como Der Meridian (El meridiano). Allí el poema aparece como algo que va hacia otro, hacia un tú que quizá todavía no existe pero al que necesita dirigirse. La oscuridad, en esa lógica, sería la forma que toma el habla cuando las palabras de uso corriente ya han servido para otra cosa. La respuesta convence a medias. Explica por qué el poema es difícil. No explica por qué el lector que se queda fuera tendría que volver.

Aquí se cruza con Heidegger, que en la Carta sobre el humanismo (1947) había llamado al lenguaje la casa del ser. Leída desde Czernowitz, la fórmula tenía otra cara. Si la casa es el alemán, y el alemán ha sido la lengua de la deportación, esa casa no puede volver a ocuparse como si nada.

La relación fue también personal. Heidegger nunca pidió perdón en público por su adhesión al nazismo. El 25 de julio de 1967, después de una lectura en Friburgo, Celan subió a su cabaña de Todtnauberg, en la Selva Negra, y firmó en el libro de visitas con una línea: escribía mirando la estrella del pozo, con la esperanza en el corazón de una palabra que estaba por venir. La palabra no llegó, o no llegó la que él esperaba. Días después, en Fráncfort, escribió el poema «Todtnauberg», seco, hecho de fragmentos de paisaje y de esa espera. Que la huella principal de aquel encuentro sea un poema explica por qué Celan tiene sitio en este corpus.

Jacques Derrida le dedicó Schibboleth (1986), un libro sobre las fechas que guardan sus poemas y sobre la palabra hebrea que, en el libro de los Jueces, separaba a quien podía cruzar el río de quien moría por no saber pronunciarla. Derrida encontraba en Celan lo que él defendía con argumentos: que ninguna palabra se agota en una lectura, que una fecha vuelve distinta cada vez que se recuerda.

Levinas, que comparte grupo con Celan en este corpus, le dedicó el ensayo Paul Celan. De l’être à l’autre (Paul Celan. Del ser al otro). Leyó en los poemas lo que su propia filosofía intentaba decir, que la ética empieza en el otro que me reclama antes de que yo tenga un sistema para responderle. El poema de Celan se dirige a alguien antes de explicarse, y en ese orden Levinas vio una forma de responsabilidad.

En español puede leerse entero gracias a José Luis Reina Palazón, que tradujo sus Obras completas para Trotta. Leerlo traducido obliga a una honestidad incómoda. Los compuestos inventados y la sintaxis rota tienen en alemán un peso que ninguna traducción traslada completo, y el lector en español ve a Celan a través de un cristal roto.

Desde 1953 tuvo que cargar con otra cosa. Claire Goll, viuda del poeta Yvan Goll, lo acusó de plagio, y la acusación se repitió durante años. En ese tiempo sufrió cuatro episodios psicóticos con ideas de persecución. Vivía en París desde 1948, casado con la artista gráfica Gisèle Lestrange. Murió por suicidio en la noche del 19 al 20 de abril de 1970, a los cuarenta y nueve años. Su cuerpo apareció en el Sena el 1 de mayo.

En 1988, en el acto del Bundestag por el cincuenta aniversario del pogromo de noviembre de 1938, «Todesfuge» se leyó en voz alta ante los diputados. El poema figura también en los libros de lectura de secundaria en Alemania. El Parlamento de la lengua que Celan tuvo que romper para poder decir aquello recitaba el poema en un acto de memoria, y nadie ha resuelto qué le hace la ceremonia a un texto así: si sigue cortando o si el rito le ha limado los bordes.

«Alcanzable, cercana y no perdida, en medio de las pérdidas quedó una sola cosa: la lengua.»

— Discurso de aceptación del Premio de Literatura de la ciudad de Bremen (1958)

Para seguir leyendo

  • Amapola y memoria, Paul Celan (1952) — El libro de «Todesfuge»: la puerta de entrada antes de que el alemán empiece a romperse del todo.
  • Paul Celan. Poeta, superviviente, judío, John Felstiner (1995) — La biografía intelectual de referencia, escrita por alguien que además lo tradujo, y que no separa la vida de los poemas.
  • Schibboleth. Para Paul Celan, Jacques Derrida (1986) — Para quien quiera ver qué hace un filósofo cuando lee a Celan despacio; exige paciencia y la devuelve.

Grupo 1 — Los que pensaron desde el umbral de la catástrofe. Figura límite: poeta-filósofo del lenguaje roto.

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